ES.
Los dioramas funcionan como un dispositivo museográfico para mostrar espacios a escala en los que se reflejan lugares remotos o dislocados en el tiempo. Para este proyecto, el despacho mexicano Pedro&Juana trabajó con el diorama como un gesto arquitectónico radical: una “ventana a la ciudad” que reproduce una realidad visual a partir de un ejercicio de taxidermia, enmarcando aquello que, por inercia, está en continuo cambio.
El museo ha sido el mausoleo de los objetos del pasado, que se reinsertan en el presente bajo el auspicio del edificio que los alberga, atravesados por diferentes metodologías en las cuales estos objetos se incorporan, catalogan, analizan y, posteriormente, se exhiben. Las formas museográficas —y, en concreto el diorama, quizá una de sus máximas expresiones—, son consecuencia de la imposibilidad de representar el objeto de deseo.
Sin duda, una de las fantasías más recurrentes de la modernidad fue la de interpretar el pasado como si fuera una reliquia intacta, incontaminada por la mirada del presente. Es imposible, sin embargo, separar el artefacto que se presenta del conocimiento y la mirada de quien lo produce y tiene el poder para devolverlo a la circulación.
“La nación modernista fue concebida como el arca del pueblo… un artefacto finito y delimitado, con una trayectoria en el tiempo, un espacio narrado; el museo y la historia del arte como sus instrumentos cibernéticos o de navegación, como dispositivos ópticos que permiten a cada ciudadano-pasajero ver hacia atrás, hacia la dirección de donde proviene la nave. No importa que ese punto en el horizonte esté siempre a la misma distancia, por más que parezcamos acercarnos: el espejismo visual en la luminosidad cegadora del presente.”
—Donald Preziosi, “Performing Modernity”
En realidad, se trataba de interpretar el mundo conocido bajo una secuencia de imágenes adaptadas al horizonte visual del pensamiento occidental, convirtiendo los objetos en fetiches. En este acto hegemónico, el museo se transforma en el cerebro administrador del conocimiento y “todo lo demás”, es decir, los objetos provenientes de diversas culturas y saberes, en un conjunto de órganos flácidos que se activan bajo el impulso de esta máquina de representaciones.
Una máquina semirrígida que no puede agacharse para mirar cada una de sus extremidades. Una torsión que, más que una reverencia, significaría un acto de desdoblamiento múltiple que permitiese entender la pluralidad y los diversos estados de conocimiento de los cuales somos fruto. Ante esa imposibilidad de conexión a partir de las diferencias, la taxidermia parece ser la única forma de interpretación posible: la museografía se convierte en ese archivo estructural que fragmenta y dota a las cosas de valor y que, al mismo tiempo, las neutraliza bajo términos genéricos.
Pedro&Juana realizaron un diorama en la galería de LIGA, representando un espacio cualquiera de la Ciudad de México, donde una serie de objetos compone una escena. Se trata de una serie de “cosas” que representan, cada una a su modo, diferentes facetas de la vida diaria de la ciudad: objetos y sensaciones que pasan desapercibidos, ya sea por su precariedad, o por su excesiva mundanidad. Esta selección realizada por Pedro&Juana responde al interés del estudio por los procesos manuales y la recuperación de materiales artesanales, muchas veces en relación con las economías subterráneas que sostienen el día a día de la ciudad.
Pedro&Juana se refieren a estos objetos como “las actrices”, ya que su forma de operar en la ciudad consigue que esta se mantenga viva y en plena circulación. Las actrices están congregadas en el espacio de LIGA, para realizar una puesta en escena dirigida por Francesco Pedraglio, a partir de un script de Pirandello. Estas actrices adoptan también un nombre escénico, confiriéndoles un cierto halo épico: “Sonido Sonorense” representa el sonido de la flauta de un afilador de cuchillos, el vendedor del agua o el camión de la basura; “Solecito de Tepito” es un representación del calor de Tepito que se incrementa sobre los puestos de comida cada medio día; “La Ventosa” de Insurgentes nos recuerda el viento turbulento que sucede entre la Torre de Reforma e Insurgentes; “La Inundación” es aquella coladera que tapa la ciudad creando un lago improvisado, y “La Flor de Esquites”, una máquina de olores que nos devuelve esos aromas tan característicos de algunos mercados.
Esta puesta en escena en LIGA juega igualmente con la escala de los objetos, empleando los mismos dispositivos para reproducir la realidad que los dioramas utilizan dentro del museo. A partir de técnicas que crean una falsa perspectiva, ¡El horizonte es nuestro! Refuerza la sensación de profundidad, pero también la ilusión de perfilar el horizonte de la ciudad en la que vivimos. Un proyecto que hace referencia, no sin cierta ironía, a la posibilidad de ser dueños del paisaje. Con esta intención, se rehace el gesto de selección y etiquetado de un proyecto de ciudad en la cual los arquitectxs están inscritxs. Sin embargo, la selección de Pedro&Juana responde a otro tipo de jerarquía, aquella que se aparta orgánicamente de la tradicional secuencia de valores.
Ruth Estevez
Donald Preziosi, “Performing Modernity”, en Performing the Body. Performing the Text, (Nueva York: Routledge, 1999) 31. Traducción propia.
EN.
(The Horizon is Ours!)
Dioramas function as a museographic device for presenting spaces at scale, reflecting places that are remote or dislocated in time. For this project, the Mexico City–based studio Pedro&Juana engages the diorama as a radical architectural gesture: a “window onto the city” that reproduces a visual reality through a kind of taxidermic exercise, framing that which, by inertia, is in constant flux.
The museum has long been a mausoleum for objects of the past, reinserted into the present under the auspices of the building that houses them, and shaped by a range of methodologies through which these objects are incorporated, cataloged, analyzed, and ultimately exhibited. Museographic forms—and the diorama in particular, perhaps one of their most accomplished expressions—stem from the impossibility of fully representing the object of desire.
One of the most persistent fantasies of modernity was undoubtedly the idea of interpreting the past as an intact relic, uncontaminated by the gaze of the present. It is, however, impossible to separate the artifact on display from the knowledge and perspective of those who produce it and hold the power to return it to circulation.
“The modernist nation was crafted as the ark of the People… a finite and bounded artifact with a trajectory in time, a storied space; museum and art history as its cybernetics or navigation instruments, as optical devices allowing each citizen-passenger to see behind the ship, the direction whence it came. Never mind that such a horizon point is always equally far away, however close we seem to come: the visual mirage in the noonday blankness of the present.”
—Donald Preziosi, “Performing Modernity”
In reality, this involves interpreting the known world through a sequence of images adapted to the visual horizon of Western thought, turning objects into fetishes. In this hegemonic operation, the museum becomes the administrative brain of knowledge, while “everything else”—that is, objects from diverse cultures and systems of knowledge—becomes a set of flaccid organs activated by the impulses of this representational machine.
A semi-rigid machine that cannot bend down to look at its own extremities. A torsion that, rather than a gesture of reverence, would entail an act of multiple unfolding, enabling an understanding of plurality and the diverse states of knowledge from which we emerge. Faced with the impossibility of connection through difference, taxidermy appears as the only possible form of interpretation—museography becomes a structural archive that fragments and assigns value to things while simultaneously neutralizing them under generic terms.
Pedro&Juana created a diorama in LIGA’s gallery space, representing an unspecified space within Mexico City, where a series of objects composes a scene. These are a set of “things” that, each in their own way, represent different facets of everyday life in the city—objects and sensations that often go unnoticed, whether due to their precariousness or their excessive mundanity. This selection reflects the studio’s interest in manual processes and the recovery of artisanal materials, often in relation to the underground economies that sustain the city’s daily life.
Pedro&Juana refer to these objects as “the actresses,” since their way of operating within the city keeps it alive and in constant circulation. The actresses are brought together in LIGA’s space to perform a staging directed by Francesco Pedraglio, based on a script by Pirandello. Each adopts a stage name, imbuing them with a certain epic aura: “Sonido Sonorense” represents the sound of a knife sharpener’s flute, a water vendor, or a garbage truck; “Solecito de Tepito” evokes the heat of Tepito as it intensifies over food stalls at midday; “La Ventosa” of Insurgentes recalls the turbulent winds between Torre Reforma and Insurgentes; “La Inundación” refers to the clogged drain that floods the city, creating an improvised lake; and “La Flor de Esquites,” a machine of smells, conjures the distinctive aromas of local markets.
This staging at LIGA also plays with the scale of objects, employing the same devices used by museum dioramas to reproduce reality. Through techniques that generate false perspective, ¡El horizonte es nuestro! (The Horizon Is Ours!) reinforces a sense of depth while also sustaining the illusion of outlining the horizon of the city we inhabit. The project alludes—though not without irony—to the possibility of owning the landscape. In this gesture, it reenacts the operation of selection and classification inherent to a vision of the city in which architects are inscribed. However, Pedro&Juana’s selection is driven by a different hierarchy: one that organically departs from traditional systems of value.
Equipo | Team:Ana Paula Ruiz Galindo, Mecky Reuss, Adriana Carlos, Vani Monjaraz
Programación | Programming: Eric Werkhoven
Performance: Francesco Pedraglio











